Cuando un amo descubre que su mascota no se siente bien o presenta conductas anormales es inevitable que él experimente preocupación y nerviosismo, pero para no alarmarse por demás y saber cómo actuar frente a cada síntoma es fundamental asesorarse siempre con un profesional de confianza y acumular información sobre los posibles males que puede padecer el animal que comparte la vida con uno.
En el caso de los perros, por ejemplo, se pueden esperar reacciones como los vómitos, un trastorno que, al igual que ocurre con los seres humanos, suele ser la evidencia de que algo no funciona bien en la parte digestiva.
Un can puede vomitar en cualquier momento de su vida y no siempre debería ser un motivo de preocupación excesiva, pero si no se evidencia una mejoría en el transcurso de 24 horas, existen otros síntomas o si los fluidos presentan una coloración extraña lo más recomendable es acudir de inmediato al veterinario para someter al animal a un exámen profundo que permita establecer las causas de su indigestión e iniciar un tratamiento para revertirla.
Los cambios en la dieta, la ingesta de sustancias irritantes para la zona estomacal y una excesiva cantidad de alimentos ingeridos con rapidez son algunos de los factores que desencadenan los vómitos caninos. Por lo general, el cuadro se revierte con sólo modificar la alimentación de la mascota y mantener en ayunas al enfermo durante un lapso de ocho a doce horas (no más que eso y proporcionándole varias veces al día pequeñas cantidades de agua para evitar la deshidratación), pero hay ocasiones en las cuales el síntoma surge por una enfermedad relacionada al estómago, intestino, riñón, hígado o páncreas y, ante ello, se hace inevitable la consulta con un profesional.
Como el vómito en un perro puede tener muchas causas, lo mejor que puede hacer en un primer momento el amo al detectar este problema es vigilar a la mascota para advertir de inmediato si presenta otros signos de malestar, examinar los fluidos en busca de detalles alarmantes y modificar al menos por un tiempo la dieta del ejemplar. De ser una indisposición pasajera, en pocas horas el animal recuperará su vitalidad, pero si el cuadro está acompañado de otros inconvenientes o se prolonga demasiado, entonces sí es necesaria la intervención de un veterinario.