22 Ago 2011

La sarna, dice la Real Academia Española (RAE) es una afección cutánea contagiosa que surge cuando un parásito (ácaro o arador) excava túneles por debajo de la piel y produce, a raíz de esto, enrojecimiento, prurito intenso y tumefacción.

Lamentablemente, como sabrán muchos de ustedes, los perros no están excentos de padecer este mal. En esta especie, la dolencia se manifiesta con pruritos muy vivos y vesículas que no supuran y que terminan por infectarse. En ocasiones, son los canes infectados los responsables de instalar en el hogar esta enfermedad que, en los humanos, se transmite tanto por contacto directo y el uso común de distintos elementos (prendas, sábanas o toallas) como así también por vía sexual.

A simple vista, uno puede sospechar la existencia de sarna canina por la picazón intensa que experimentan los enfermos en las zonas del cuerpo que quedan desprovistas de pelo (por lo general, el área de las orejas, los codos y el abdomen, aunque de no ser controlada a tiempo la sarna puede ocasionar que toda la estructura corporal quede dañada y repleta de infecciones bacterianas a causa del rascado y las lastimaduras). De todos modos, para confirmar el diagnóstico tiene que existir la intervención de un veterinario que realice un raspado cutáneo y examine las muestras en un laboratorio. Como tratamiento, el profesional puede indicar unas inyecciones y baños con productos específicos que ayuden a matar y a erradicar a los parásitos que generan la sarna.

Si bien cualquier mascota que viva en condiciones inadecuadas en materia de nutrición e higiene puede contraer sarna, esta enfermedad ataca en su mayoría a cachorros, perros de edad avanzada y ejemplares con un sistema inmunológico débil, como el que poseen en su mayoría los ejemplares vagabundos.

Ahora que ya saben un poco más sobre las características, síntomas y tratamientos de la sarna, pueden aprovechar estos conocimientos para intentar prevenir, en caso de convivir con un perro, esta dolencia o bien para ayudar a algún ejemplar callejero que aparente ser víctima de este incómodo y peligroso mal. Recuerden que la discriminación y la indiferencia jamás son alternativas útiles, por eso procuren ser solidarios con los animales desprotegidos y responsables con sus propias mascotas para que todos los canes puedan tener una vida mejor.