20 may 2013

El color negro suele asociarse con el luto, la tristeza y las energías negativas. Si a ese dato le sumamos que, en épocas pasadas, los gatos negros sufrieron persecuciones y toda clase de horrores a raíz de una creencia que los vinculaba con la mala suerte y las brujerías, no hay dudas de que la superstición enceguece al ser humano y no sólo lo lleva a perder el sentido común sino que también lo puede llevar a pensar y/o a cometer verdaderas locuras.

Aunque el temperamento de una mascota no depende del tono de su pelaje y estos seres no son amuletos de la suerte sino vidas que merecen ser respetadas, hay gente que está convencida de que los felinos y canes negros atraen la desdicha y provocan toda clase de problemas para quien se cruza con ellos.

También hay quienes entran en pánico con sólo imaginar la figura de un perro negro ya que desde tiempos remotos circulan por el mundo numerosas leyendas, cuentos e historias de todo tipo en las cuales los espectros, fantasmas o figuras apocalípticas se presentaban bajo la apariencia de un temible perro negro.

Por supuesto, una cosa es ser supersticioso y otra muy distinta es dañar a los animales por creer que son transmisores de mala suerte. Que el manto de un animal sea oscuro no significa que el ejemplar sea agresivo ni lo convierte en peligroso aunque, lamentablemente, todavía hay quienes rechazan, maltratan y temen a este tipo de animales.

Quien, alguna vez, haya compartido la vida con un galgo, un terranova, un gran danés, un dobermann o conviva con cualquier otro can de pelaje negro sabrá que, pese a los mitos, el folclore y demás creencias populares, los perros negros no tienen “poderes” ni particularidades que los vuelvan especiales o motiven su discriminación por parte de la sociedad.