Un perro no se elige por una única razón, por eso a veces se suele decir que existe un ejemplar canino para cada pretensión humana.
Algunos, por ejemplo, buscan mascotas de compañía que tengan estructura pequeña; otros hacen foco en adoptar un perro callejero antes que elegir uno de raza y hasta hay quienes priorizan su seguridad personal y optan entonces por canes de contextura robusta que inspiren temor y puedan desempeñarse como perros guardianes.
Los perros grandes, por razones de tamaño y hábitos diarios, exigen amos fuertes que sean capaces de controlarlos pero también amos que estén capacitados para atender todas sus necesidades.
Un perro de gran porte como lo puede ser un airedale terrier, un akita americano, un pastor inglés, el bearded collie, el boxer, el boyero de Berna y el San Bernardo, por ejemplo, nunca estará cómodo en un departamento ni se sentirá satisfecho si se le intenta dar la misma ración de comida que a un caniche micro-toy. Tampoco estará a gusto si no tiene espacio suficiente para gastar energía y tal vez cometan, por fuerza y tamaño, algún atropello al intentar jugar con niños.
A los perros grandes, por lo tanto, hay que darles a diario importantes porciones de alimento, saber manejarlos cuando se necesita sacarlos a pasear o controlar alguna de sus reacciones (no es lo mismo, por citar un caso, sujetar a un perro pequeño cuando muestra intenciones de atacar que a uno grande), garantizarles en el hogar una superficie adecuada para que ellos puedan trasladarse con comodidad y educarlos con firmeza para que no se vuelvan potencialmente peligrosos hasta para su propia familia.
Por supuesto, que su estructura corporal sea imponente no significa que el perro sea agresivo: simplemente, son animales que hay que tratar con un cuidado mayor al resto porque no es sencillo para el humano dominar a una mascota que pueda llegar a pesar más de cuarenta kilogramos.
Es común asociar a los perros grandes con tareas que demandan esfuerzo, valentía y fuerza corporal, pero como siempre hay excepciones todo aquel que lo desee puede adoptar o comprar un ejemplar canino grande (sea, o no, de raza) y buscar de él sólo su grata compañía, sin esperar que él salga a cazar, ahuyente ladrones o realice rescates heroicos.