En la familia canina hay ejemplares que llaman la atención por sus curiosas características físicas. Así como hay, por ejemplo, perros enanos y miniaturas que enternecen a más de un humano también hay mascotas que sorprenden por su gran estructura corporal.
De tener un hogar de amplias dimensiones y querer convivir con un perro de proporciones importantes, tal vez las razas más indicadas sean las alano español, borzoi, bullmastiff, dogo alemán, fila brasileño, komondor, mastiff y el mastín español.
Claro que el tamaño considerable de estos animales puede quedar opacado si se los compara con ejemplares que han logrado un lugar de privilegio en el Libro Guinness por su excepcional peso y/o altura.
Aunque no es habitual que un perro crezca de forma descontrolada, hay excepciones que asombran y demuestran que en la naturaleza pueden ocurrir toda clase de fenómenos extraordinarios.
George, por ejemplo, es un gran danés que vive en Arizona (Estados Unidos) y perdió el anonimato a partir de que sus 1,09 metros de altura y sus 111 kilogramos de peso fueron corroborados por expertos que registraron sus atípicas medidas para añadirlo al Guinness.
Al igual que él, el mastin inglés que se apoda Hércules y carga sobre su cuerpo con 127 kilogramos es toda una celebridad que no pasa desapercibida cuando sale a pasear con sus dueños.
Si bien hay en el mundo algunos casos de perros gigantes, no hay que perder de vista que son excepciones. Es decir, no se trata de sobrealimentar al animal para intentar un crecimiento extremo porque estas estructuras no son consecuencia de un determinado tratamiento sino producto de una predisposición genética.
Además, si se quiere a los animales habría que ser conscientes de que esta clase de fenómenos si bien son llamativos no son saludables porque promueven la exhibición de la mascota como una especie de trofeo y son propensos a sufrir incontables trastornos a raíz de sus descomunales dimensiones.