01 Ago 2011

La belleza es una cuestión que siempre da origen a múltiples debates porque varía en función de los criterios de quienes la analizan. Aquello que puede ser bello y atractivo para algunos, para otros puede no serlo, razón por la cual es difícil llegar a un acuerdo universal.

De todos modos, pese a la falta de consenso al respecto, existen parámetros impuestos a nivel social que indican cómo ganar el calificativo de bello. Se esté de acuerdo o no con estos lineamientos, nadie puede negar que al evaluar, por ejemplo, la figura de una mujer se tienen en cuenta su peso, sus atributos corporales y/o sus rasgos faciales.

Tampoco se puede desmentir que provoca más ternura un cachorro canino que un perro anciano con signos visibles de deterioro a causa de la vejez. Lamentablemente, es tan influyente el concepto de belleza que muchas personas se creen con derecho a discriminar a las mascotas por considerar feos a ciertos ejemplares.

Quienes aman a los animales se resisten a aceptar esta costumbre de juzgar a los ejemplares según la vara del aspecto porque están convencidos de que ellos, cualquiera sea su apariencia, dan amor incondicional por igual. Sin embargo, la realidad indica que abundan en el mundo los individuos que adoptan, por ejemplo, un perro sólo por considerarlo “lindo”.

Por fortuna, cabe destacar que hay algunas almas que, conscientes de esta tendencia, se apiadan de aquellos canes “no favorecidos” por la naturaleza y les proporcionan un hogar aunque la sociedad los señale como “feos”.

Es triste que alguien busque la compañía de un perro sólo para lucirlo en sociedad como un trofeo, pero es difícil erradicar por completo la obsesión por la estética en todos los niveles. En la actualidad, parece que la apariencia vale más que los sentimientos, pero no es justo que un perro longevo muera en soledad sólo porque no cumple los requisitos para ser considerado bello.

¿Quién dice qué es lo lindo y qué es lo feo? Ellos no tienen la culpa de estar sometidos a la voluntad del hombre, así que tal vez ustedes, que leen estas líneas porque desean obtener datos sobre los “perros feos”, pueden contribuir a cambiar la realidad adoptando algún ejemplar sin tener en cuenta su aspecto físico, es decir, privilegiando lo verdaderamente importante: su capacidad de dar amor incondicional.