20 Jul 2011

El cine, las historietas, los materiales literarios y la televisión han generado que, a lo largo de la historia, distintas generaciones de espectadores experimentaran fascinación por diversos canes célebres, muchos de los cuales sólo han existido en el plano ficcional.

Producto de esta admiración hacia perros que protagonizaban aventuras imaginarias, numerosos seres humanos comenzaron a mostrarse interesados en adoptar un ejemplar de la raza a la que pertenecía su personaje canino favorito o bien a adquirir merchandising basado en su figura.

Gracias a la popularidad adquirida por ciertos animales, por ejemplo, razas como la collie, la gran danés, la fox terrier y la pastor alemán empezaron a ser tenidas en cuenta por quienes buscaban mascotas que recordaran a figuras como Lassie (la perra que deleitó a millones de espectadores desde largometrajes y cintas televisivas), Scooby Doo (personaje animado creado por William Hanna y Joseph Barbera), Milú (el compañero de Tintín, el protagonista de “Las aventuras de Tintín”) y Rin Tin Tin (estrella canina que protagonizó varias películas y consiguió tener su huella en el Paseo de la Fama de Hollywood Boulevard).

Otros perros famosos, en cambio, fueron venerados por el público desde artículos promocionales como tazas, remeras, carpetas y ropa de cama. Así ocurrió con celebridades como Snoopy, Goofy (Tribilín), Patán y Pluto, entre otros.

Mientras que algunos espectadores, por razones de edad, aún conservan un fresco recuerdo de personajes antiguos como Canuto y Canito, Spike y Chester, Huckleberry Hound, Benji, Colmillo Blanco, Droopy e Idéfix (el perro de Obélix, el amigo de Asterix), las generaciones más jóvenes saben que nombres como Beethoven, Ren (de Ren & Stimpy), Odie, Marley, Hachiko, Brian Griffin, Ayudante de Santa y Bolt le dan identidad a perros que, en distintas circunstancias y épocas, han brillado y adquirido trascendencia desde un set de filmación o desde un estudio de animación.