Una apariencia aristocrática, una estructura corporal grande y musculosa, un porte elegante y una personalidad delicada son las características distintivas del dogo alemán, una raza canina que en ocasiones también se presenta bajo el nombre de gran danés.
Se trata de una mascota que muchos eligen como perro guardián por sus rasgos duros y su fortaleza mientras que otros lo prefieren como animal de compañía por su encanto y docilidad. En cualquiera de sus dos versiones, y siempre confiando en la correcta educación que el amo le debe proporcionar desde cachorro, el dogo alemán seduce por la fidelidad que desarrolla hacia sus dueños y lo cariñoso que suele ser con su familia, en especial si trata de niños. Además, quienes acostumbran resaltar las cualidades de esta bella casta aseguran que estos canes pocas veces se muestran agresivos y están dotados de una gran paciencia, detalle que los lleva a mantenerse calmos frente a eventuales provocaciones.
De todos modos, hay que tener en cuenta que, pese a no ser temerosos y mostrarse seguros de sí mismos, suelen ser reservados y algo esquivos frente a desconocidos.
Aquellos que deciden sumar al hogar un ejemplar de esta raza donde los machos pesan entre 70 y 80 kilogramos y las hembras entre 60 y 70 kilogramos en promedio, pronto se enamoran de estos imponentes seres de pelo corto y brilloso.
De estar interesados en el dogo alemán y han comenzado la búsqueda de criaderos, no pasen por alto el detalle de los colores reconocidos para el grupo, ya que la Federación Cinológica Internacional reconoce como auténticos sólo a los leonados, atigrados, azules, negros y arlequines. Un pelaje mate, descolorido o que no responde a los parámetros admitidos por esta organización, así como un temperamento tímido, una cola doblada y un aspecto demasiado tosco o liviano, son características que le restan pureza a la raza.