19 Oct 2011

Los perros, según dice la mayoría de los expertos que estudian los comportamientos de esta especie, no experimentan aquello que el ser humano define como celos (provocados por desplazamientos emocionales, sensaciones de abandono o miedo a ser dejado de querer) pero si evidencian reacciones con las que manifiestan el disgusto que sienten cuando pierden importancia o ven amenazado su lugar por la llegada de algo o alguien desconocido.

El nacimiento de un bebé o la adopción de otra mascota son, a menudo, situaciones que llevan a los animales a comportarse de manera extraña. De alguna manera, ellos se creen con derecho a “reclamar” el espacio que merecen y no están dispuestos a ceder frente a circunstancias que le quitan protagonismo. Por eso, es frecuente que en esos contextos se muestren algo agresivos y caprichosos.

Para evitar que nuestro compañero canino modifique su temperamento en respuesta a una sensación de abandono o desplazamiento, resulta fundamental educarlo desde pequeño. Lo ideal, en este marco, es enseñarle desde cachorro (o apenas se lo ha sumado a la familia) el lugar que ocupa en el hogar, prestarle el tiempo que necesita y acostumbrarlo a interactuar con otros ejemplares e individuos.

Si aprende a ser sociable y entiende que no está bien acaparar la atención absoluta de su amo, es difícil que un perro se rebele, se enfurezca o se deprima ante situaciones que amenazan con dejarlo relegado.

Claro que, aún cuando se trate de una alegre mascota de aparente espíritu sociable y carácter sumiso, los “celos” pueden aparecer y generar en ella una reacción indeseada cercana a la violencia.

Si eso sucede, jamás se debe corregir o marcar el error con un castigo físico. Si uno se muestra nervioso y se enfada con él, lo único que se logrará es empeorar el asunto sin llegar a demostrarle al animal que así no debe comportarse. En esos casos, se debe intentar sujetar al perro y, con voz firme y segura, darle una orden para que se calme.

Para minimizar el riesgo de celos, se aconseja no variar el vínculo que se tiene con el perro y hacerle notar con pequeños gestos que él jamás perderá la importancia que se merece. Juegos, paseos y tiempo compartido en el hogar son herramientas que siempre ayudan para evitar que un perro “se ponga celoso”.