La especie canina está compuesta por perros de diferentes tamaños, colores y particularidades. Muchos de ellos son producto de cruzas puras que garantizan la prolongación de una raza y conforman, entonces, clanes exclusivos aún cuando estén emparentados con otros ejemplares por tener una raíz común.
Así sucede, por ejemplo, entre los integrantes del conjunto conocido como bichón. Si bien el grupo es uno solo, dentro de él existen varias categorías que le aportan a cada animal un detalle distintivo. El bichon frisé, el bichón maltés, el boloñés y el habanero comparten parte de su nombre y determinadas características físicas, pero sus pasados son distintos y han dado lugar a castas independientes.
El bichón habanero, por ejemplo, es de estructura pequeña y está recomendado como animal de compañía tal como sucede con otras mascotas de tipo bichón, pero en su caso su lugar de origen ha sido la región mediterránea occidental (introducida desde allí en Cuba) y debe su nombre al color de su pelaje (porque es similar al habano, no en honor a La Habana, la ciudad que según una leyenda urbana lo vio nacer).
Estos diminutos canes cautivan a personas de todas las edades porque poseen una personalidad alegre y tienen un espíritu activo y juguetón. El bichón habanero, además, es fácil de educar, no requiere demasiado ejercicio ni necesita cuidados intensivos para mantenerse en buenas condiciones.
Por la extensión de su pelaje, tal vez, la mayor obligación que tenga su dueño respecto a él sea la de cepillar a diario la abundante y ondulada capa para evitar los nudos y las caídas excesivas de pelo.
Al bichón habanero se lo puede elegir por sobre otros tipos de perro por su inteligencia, su capacidad de vigilar el ambiente que lo rodea, su tendencia al juego y su carácer alegre, entre otras razones.