Los perros no tienen conciencia de todo lo que se ha inventado en su honor pero, aún así, no se oponen a que sus dueños hagan de ellos seres que más que mascotas parecen humanos.
Muchos expertos en conducta canina critican la costumbre de humanizar a los perros porque, según dicen, no es sano para ellos ubicarse en un lugar que no les corresponde. Si bien, por ejemplo, abrigarlos cuando hace frío no es contraproducente, no es necesario someter al animal a prácticas que sólo apuntan a satisfacer caprichos del amo o a generarle diversión, como puede serlo el hecho de disfrazarlo o de ponerle indumentaria sólo para embellecerlo.
Claro que, más allá de las posturas que uno pueda llegar a tener en relación a la crianza de un perro, no se puede negar que, de un tiempo hacia acá, surgieron múltiples negocios inspirados en costumbres y necesidades caninas.
En la actualidad, como sabrán muchos de ustedes, hay desde aerolíneas exclusivas para mascotas hasta hoteles para perros. También hay servicios de spa, guarderías, restaurantes y centros de belleza cuyos clientes no son personas sino ejemplares caninos de todos los tamaños, orígenes, edades y características.
Menos ambiciosas son las peluquerías caninas, comercios que surgieron hace ya varios años para satisfacer la demanda de ese grupo de amos que, por distintas razones, evitaban cortar el pelo de las mascotas. Por lo general, las peluquerías para perros incluyen un baño previo al corte, un servicio que también le ahorra tiempo y esfuerzo a todo aquel que tiene un perro a su cargo.
Llevar al animal a la peluquería es una actividad común hoy en día, pero no se debe perder de vista que no cualquier persona está en condiciones de asumir la tarea de bañar y trabajar con el pelaje del can. Por esa razón, antes de confiar nuestro perro a extraños, es fundamental recorrer la instalación, informarse sobre sus métodos de trabajo, averiguar qué experiencia tienen y, en lo posible, verlos en acción para saber cómo tratan a los pequeños clientes que llegan al local.
Tampoco hay que pasar por alto el estrés que padecen muchos ejemplares cuando se los deja en entornos desconocidos para ellos y/o cuando pierden una capa de pelo considerable: al animal hay que respetarlo, tratarlo con paciencia y no someterlo a prácticas que atentan contra su bienestar. Lo mejor en estos casos, pues, es acostumbrarlo desde cachorro a ir a la peluquería; no cambiar, en lo posible, de local y no priorizar jamás los looks que le atraen al amo sino los cortes que le aportan comodidad al animal.