05 Oct 2011

En los perros, el pelo no sólo cumple una función estética sino que posee finalidades más importantes que contribuyen al bienestar del animal. Por servir de protector de la piel, ayudar a la estabilidad de la temperatura corporal y poder reflejar cualquier anomalía física, el pelaje de los canes es valioso y, por lo tanto, debe ser cuidado y mantenido en las condiciones adecuadas.

Poco importa si se trata de ejemplares de pelo corto o largo: siempre se lo debe cepillar con cierta frecuencia y controlar su estado para evitar nudos, extensiones excesivas o bolas de pelo.

Cabe destacar que, por la delicadeza y la sensibilidad de la piel de esta clase de mascotas, a la hora de higienizarlas no es recomendable utilizar productos de uso humano sino shampúes y jabones especialmente desarrollados para ellas.

Además, es necesario tener presente que la mayoría de las razas muda su pelo dos veces al año: de allí, por ejemplo, que sus amos hallen mechones en cada rincón de su hogar.

Asimismo, es bueno saber que de la observación del pelaje (en especial de la capa más visible, la externa, que cubre al subpelo) se pueden extraer indicios sobre posibles enfermedades o malestares que aquejen al animal ya que, en condiciones normales, el pelo está sedoso, brillante y con buen aspecto. En cambio, si luce opaco, quebradizo, duro y/o se cae de forma abrupta y en cantidades significativas, debe ser entendido como una señal de alarma que amerita una visita al veterinario, sobre todo si está acompañada por otros síntomas.

Como se mencionó líneas arriba, el pelo del perro puede ser corto, semilargo o largo, tanto en versión lisa, ondulada o rizada y de diversas tonalidades. Todos ellos permiten cortes de múltiples estilos que embellezcan al ejemplar, pero también merecen ser cuidados de la misma manera: con cepillados periódicos, baños frecuentes y a través de una alimentación saludable y nutritiva que ayude a mantener su brillo, su volumen y su fortaleza.