Las pulgas son parásitos que resultan familiares tanto para los humanos como para las mascotas porque son incómodos organismos de tamaño diminuto que viven de la sangre de numerosos mamíferos. Claro que, pese a ser las más famosas de su género, estas criaturas no son las únicas integrantes del incontrolable grupo de los parásitos.

Mientras ellas forman parte del segmento de los denominados parásitos externos, hay otros organismos de esta familia que son igual de molestos y perjudiciales pero que son definidos como parásitos internos.

En este conjunto, la mayoría son gusanos redondos o planos que atacan, principalmente, a los cachorros y a aquellos animales con un sistema inmune débil. Por lo general, crecen y se alojan en el intestino del ejemplar que ha estado en contacto, por ejemplo, con heces infectadas.

Los paseos por parques y/o plazas suelen dejar a los perros expuestos a los huevos del parásito ya que ellos suelen olfatear y marcar territorio en ese tipo de zonas. Así, entonces, los parásitos logran llegar al aparato digestivo del animal y comienzan a provocarle diversos incovenientes.

Si la infección es leve, casi ni existirán síntomas que le permitan al amo sospechar la presencia de parásitos intestinales, pero si el cuadro es más complejo los vómitos, la diarrea, la delgadez extrema y el prurito anal no tardarán en aparecer.

Para no llegar a ver afectado el bienestar canino a causa de este problema que puede convertirse en una gran preocupación por las consecuencias que acarrea (entre las cuales se puede citar a una enfermedad grave conocida como hidatidosis), resulta fundamental la prevención.

¿Cómo minimizar el riesgo de aparición de estos parásitos internos? Pues recogiendo las heces de nuestro perro cualquiera sea el lugar donde hayan sido depositadas, manteniendo las normas de higiene básicas tanto en la mascota como en cada integrante de la casa (fundamental, por ejemplo, lavarse las manos si previo a la ingesta de algún alimento se ha jugado con la mascota) y, en lo posible, evitando pasear a nuestro compañero canino por zonas públicas donde puedan existir excrementos.

Claro que, pese a las precauciones que uno pueda tener, siempre hay chances de que el perro enferme. De infectarse con parásitos internos, tal como sucede con el resto de las dolencias, debe ser llevado de inmediato al veterinario para que éste evalúe el cuadro y diseñe el tratamiento correspondiente para erradicar a estos peligrosos organismos que, incluso, pueden llegar a poner en riesgo la salud de los seres humanos.