26 Ago 2011

Muchas veces, cuando alguien quiere vender un cachorro o darlo en adopción, una de las primeras aclaraciones que realiza es que el animal está desparasitado. Esto demuestra la importancia de mantener al perro sin parásitos, algo que es aún más relevante en el caso de los ejemplares de corta edad.

Es frecuente que el perro albergue algún tipo de parásito intestinal, pese a que no advirtamos ningún síntoma. Por eso debemos desparasitar a las mascotas con regularidad, ya que estos indeseables invitados pueden estar dañando su salud de manera silenciosa.

Los parásitos pueden generar hemorragias internas o la obstrucción del intestino. Incluso, al consumir nutrientes, están en condiciones de producir una anemia. Alguna enfermedad, un tratamiento con corticoides o hasta una situación de estrés pueden hacer que las larvas que permanecían en un estado de letargo se activen dentro del perro.

Al crecer, los perros suelen volverse resistentes a la acción de los parásitos. No es ese el caso de los cachorros, que no tienen las herramientas necesarias para combatirlos. Esto indica que el proceso de desparasitar es indispensable en ejemplares de corta edad, pero no quiere decir que haya que olvidarla en los perros adultos.

Los veterinarios sugieren desparasitar al cachorro al cumplir su primer mes de vida. La frecuencia de desparasitación debe ser mensual entre los 3 y los 6 meses, y luego debe concretarse cuatro veces al año.

Este cronograma debe respetarse aún cuando no notemos ningún síntoma extraño en nuestro perro. Como bien decían nuestras abuelas, más vale prevenir que curar. Al llevar al perro al veterinario para su desparasitación, evitaremos que su organismo albergue gusanos y otros parásitos que, tarde o temprano, pueden dañar su salud.

Si nunca desparasitamos a nuestra mascota y notamos que pierde el apetito, tiene diarrea o suele vomitar, es probable que los parásitos ya hayan comenzado actuar. En ese caso no hay que perder tiempo y acudir de inmediato al veterinario. No hay que olvidar que los parásitos no sólo afectan al perro, sino que también pueden transmitirse a los seres humanos.