26 Oct 2011

La región auditiva de un perro es delicada y exige serias medidas de higiene para no provocar daños e incomodidades al animal. Por eso, apenas uno adopta o adquiere una mascota de esta especie debe tener conciencia plena de las múltiples responsabilidades que hay que asumir cuando una criatura canina se suma a la familia.

Para criar y mantener a un perro siempre en buenas condiciones no basta con proporcionarle alimento, sacarlo a pasear, hacerlo examinar por un veterinario y bañarlo de vez en cuando: el vínculo con él debe profundizarse a diario y abarcar muchas otras actividades que, aunque parezcan pequeñas, forman parte de los cuidados que merecen las mascotas.

Mantener limpias las orejas y evitar que el oído esté en contacto con sustancias u objetos que puedan perjudicar la zona son dos de los compromisos por los que deben trabajar los amos.

Un cepillado cuidadoso de los pelos que recubren el área auditiva, el control del pelaje para evitar que se acumulen mechones de un largo considerable en la entrada del oído y una rutina de limpieza de los pabellones previamente consultada con un veterinario de confianza que elimine impurezas e impida la formación de tapones de cera son procesos que resultan clave para minimizar el riesgo de enfermedades auditivas como lo es, por ejemplo, la otitis.

A la hora de poner en marcha estas medidas, poco debe importar si el animal posee orejas largas, cortas, grandes o pequeñas: siempre es necesario prestar atención a su estado y controlar que se vean bien tanto externa como internamente.

Claro que, por cuestiones de proporciones, higienizar y examinar las orejas de un chihuahua llevará menos tiempo que ocuparse de la limpieza de las orejas de Harbor, un perro de raza coonhound que saltó a la fama por entrar al Guinness World Record. ¿Su mérito? Ser portador de las orejas más grandes del mundo ya que miden 12.25 pulgadas.