La presencia en el hogar de un perro, cualquiera sea su tamaño, color, raza y características físicas, siempre le aporta a la casa vitalidad, frescura y alegría. Es recomendable compartir la vida con una criatura canina, pero también hay que admitir que la convivencia a veces provoca consecuencias indeseadas que pueden fastidiar al núcleo familiar.
Que la mascota destruya cosas o que inunde los ambientes con el fuerte olor que despide su cuerpo pueden ser en muchas ocasiones motivo de malestar humano, aunque en ninguno de los casos mencionados la culpa es del animal sino de su amo, que no se toma el tiempo necesario para educarlo, corregir sus malas conductas y/o para higienizarlo.
Así como los seres humanos debemos bañarnos y apelar a perfumes y antitranspirantes para oler bien, los perros (en especial aquellos de pelo largo) necesitan cuidados constantes vinculados a la higiene para no despedir el denominado “olor a perro”.
Por lo general, ese aroma característico se produce por la piel grasosa de los perros, aunque en algunos ejemplares también puede detectarse mal olor bucal, un inconveniente que en la mayoría de los casos puede resolverse con sólo obsequiarle juguetes ideados especialmente para ellos que los divierten y, al mismo tiempo, contribuye a limpiar los dientes.
Para reducir el olor canino y evitar que éste se impregne en alfombras, almohadones y sillones, lo más recomendable es bañar con cierta frecuencia a los animales con productos de buena calidad, secarlos apenas concluye el baño para impedir que la piel húmeda atraiga bacterias y cepillar de forma periódica su pelaje para desprender pelo muerto. Si el mal aliento es el problema más difícil de eliminar o se sospecha que existen razones más preocupantes que incidan sobre el mal olor de la mascota, tal vez consultar de inmediato al veterinario para que éste evalúe el cuadro y recomiende alternativas para revertir el inconveniente, sea la opción más sabia.