13 Feb 2012

Mastitis, o inflamación periductal, es el nombre que la medicina reserva para diagnosticar la inflamación de la mama de un mamífero. Cuando uno cría una hembra canina, no es raro que el veterinario sorprenda al amo con este concepto un tiempo después de que la mascota ha sido madre.

Por lo general, se trata de una mastitis post-destete o post-parto (en ocasiones, también puede surgir tras una falsa preñez o embarazo psicológico) que se reconoce por síntomas como fiebre, desgano, deshidratación, aceleración del ritmo cardíaco y mamas dolorosas y calientes. El cuadro, que a veces resulta más grave por la aparición de abscesos, pus y gangrena, puede atacarse con antibióticos por tratarse de una infección bacteriana, aunque se recomienda además aplicar en distintos momentos del día compresas tibias en las glándulas afectadas para mejorar la condición general de la afectada.

Cuando se detecta un caso de mastitis canina, resulta fundamental controlar el estado de los cachorros, quienes a menudo suelen llorar más de lo habitual por el descuido materno y la falta de alimento. Si se advierte descenso de peso o extrema debilidad en ellos, el amo debe acudir de inmediato al veterinario para que él aconseje cómo reemplazar la leche materna y de qué modo resguardar la salud de los pequeños ya que la leche obtenida de una perra con mastitis puede tener gérmenes patógenos capaces de generarles trastornos que los pueden llevar rápidamente a la muerte.

Como podrán imaginar al conocer detalles sobre este mal, se trata de un inconveniente alarmante que exige tratamiento inmediato porque no sólo pone en riesgo la vida de la perra sino también de los cachorros que ella debe alimentar. Por ese motivo, si se tiene una hembra en casa no importa si existen indicios para suponer un posible caso de mastitis: para estar prevenidos y que esta infección no los tome por sorpresa, siempre conviene saber en qué consiste la mastitis y cómo se combate.