La dieta de todo perro debería ser siempre nutritiva y equilibrada, pero muchos amos consideran injusto limitar la alimentación de sus mascotas a la comida canina y comienzan a compartir con sus compañeros distintas delicias pensadas para humanos.
Si bien gran parte de estas personas que le ofrece a sus canes chocolates, galletitas o cualquier tipo de dulce está convencida de que esas excepciones no perjudican al animal, al informarse sobre las necesidades nutricionales de la especie y las características de su organismo varios dueños toman conciencia de la realidad y modifican su actitud en beneficio de su fiel e inseparable perro.
En primer lugar, cuando a uno le surgen deseos de “premiar” o consentir a la mascota con alguna golosina dirigida a consumidores humanos deberíamos tener presente que ellos no tienen las mismas estructuras físicas ni disfrutan los mismos sabores que nosotros. Por lo tanto, con obsequiarle alguna croqueta o golosina para perros la misión de recompensarlo estará cumplida sin necesidad de poner en riesgo su estómago.
Además, conviene tener en cuenta que los ejemplares caninos poseen escasas papilas gustativas (particularidad que se traduce en un sentido del gusto muy rudimentario) y que acostumbran comer sin saborear los alimentos.
Según los expertos que estudian hábitos y necesidades de esta clase de animales, antes de iniciar el proceso alimenticio los perros suelen evaluar el menú por su olor, su forma y su textura. Para último lugar dejan la cuestión del sabor ya que, como hemos mencionado líneas arriba, el gusto no es su sentido más desarrollado.
Por todas estas cuestiones, queda claro que si uno ama a su mascota no debería proporcionarle comida casera ni platos típicos del ser humano: de hacerlo, por más buena intención que uno pueda llegar a tener, se corre el riesgo de dañar el sistema digestivo del animal, aún cuando el ejemplar parezca estar contento y satisfecho con el alimento recibido.