Al momento de sumar una mascota a la familia uno tiene que saber que ese nuevo integrante requerirá cuidados y representará una gran responsabilidad para su amo. Con un perro o gato en el hogar, ya habrá que pensar en tener siempre una reserva de dinero para destinarla a visitas al veterinario, eventuales tratamientos, alimentos y cualquier otro gasto que se necesite realizar por el bienestar y la seguridad del animal.

Además, desde el momento en el que uno asume el compromiso de tener una mascota en su casa hay rutinas que se modifican y planes que se alteran porque, por ejemplo, las salidas diarias que necesita un perro para gastar energía y hacer sus necesidades fisiológicas alteran de algún modo la vida cotidiana, así como los viajes familiares exigen una planificación mayor para establecer cómo, dónde y con quién quedará en ese periodo el animal.

Tener (o querer) irse de viaje es, tal vez, una de las circunstancias que más preocupan a quienes conviven con una mascota porque no siempre cuentan con la ayuda de alguien que cuide del ejemplar durante la ausencia de sus amos. Si bien hoy en día existen numerosos hoteles, restaurantes y hasta transportes que aceptan perros y gatos, no siempre se tiene la posibilidad de trasladar a los animales y es en esos contextos que aparece entonces la difícil tarea de hallar un lugar adecuado donde nuestro amado compañero se sienta a gusto.

Aunque no sean la alternativa más recomendable ni la primera que se elige, las guarderías caninas (o felinas, según el caso) han sido creadas para hacerse cargo de animales cuyos dueños no los pueden tener con ellos durante un determinado periodo de tiempo, ya sea por un viaje u otros motivos de fuerza mayor. Al respecto, hay que aclarar que no funcionan como albergues de ejemplares abandonados, ya que uno debe pagar para que los cuiden, los mantengan en buenas condiciones higiénicas y los alimenten.

En principio, hallar un lugar de estas características que trabajen en atención a mascotas parece sencillo, pero cuando se presenta la ocasión y uno debe confiar el cuidado de su mascota a un desconocido, aparecen los miedos y los peligros. Por esa razón, es fundamental realizar un estudio previo para evaluar las condiciones, servicios e infraestructura de cada guardería seleccionada.

En lo posible, uno debe visitar las guarderías y, de quedar conforme, llevar al animal antes de dejarlo solo por tiempos extensos para que se habitúe al lugar y minimizar así el riesgo de estrés. Además, es aconsejable saber las reglas de la guardería (si dejan convivir a todos los perros en un mismo espacio, si cuentan con servicio veterinario de urgencia, cuántas personas están a cargo del lugar, etc) ya que, si uno va a dejar a un miembro de su familia en sus manos, debe conocer con las mayores precisiones posibles las pautas que la rigen.

De seguir estos consejos, tener referencias previas de la guardería en cuestión y mantenerse en contacto frecuente con algún responsable del lugar para seguir de cerca el estado del animal, resultará difícil que la experiencia de apostar por una guardería canina sea negativa.