La vida junto a un perro es maravillosa, entretenida y nunca rutinaria, pero también es (o, al menos, debería ser) una experiencia marcada por la responsabilidad. Quien desea que su amada mascota tenga una existencia feliz y prolongada debe hacer todo lo necesario para mantenerla en buenas condiciones. Si bien en la esperanza de vida de cada animal influyen factores genéticos, que un can viva más o menos años depende en gran parte de las acciones y hábitos de su dueño.
Capacitarse como amo y establecer un vínculo cercano con el veterinario (tal como acostumbran hacer con el pediatra los padres de niños pequeños) son dos prácticas recomendables que todo aquel que tiene un ejemplar canino a su cuidado debería llevar a cabo.
De preocuparse por obtener información que enriquezca la convivencia y conocer los peligros a los que está expuesto todo perro, por ejemplo, uno sabrá cómo educar a su compañero canino y extremará los recaudos para minimizar toda clase de riesgos.
Muchos de ustedes, por citar situaciones comunes, suelen llevar a sus perros al parque, pasean con ellos en sitios públicos y hasta los dejan en residencias caninas cuando deben ausentarse de su hogar por algunos días. No se asusten: no está mal que tengan estas costumbres, sólo que antes de permitir que sus animales se acerquen a otros canes o entren en contacto con sus fluidos o con objetos contaminados deben proporcionarles todas las vacunas que recomiende el veterinario y tratar de evitar de todas las formas posibles el contagio de enfermedades.
Si uno no se ocupa de este asunto, nuestros animales pueden padecer trastornos como la traqueobronquitis infecciosa o gripe de perro, una enfermedad muy similar a la gripe que afecta a los humanos. Tos seca y persistente, decaimiento, cansancio y hasta síntomas de resfrío son algunas de las señales que no se deben pasar por alto ya que podrían dar cuenta de una gripe.
En raros casos la gripe puede ser mortal para un perro pero, de todas formas, nunca se debe restarle importancia a los cuadros que atentan contra el bienestar de las mascotas. Además, si el sistema inmune del enfermo no es óptimo o el avance de la enfermedad provoca un fuerte debilitamiento, pueden surgir complicaciones difíciles de revertir. No hace falta llegar a tanto: con vacunas, medidas de prevención, un control periódico del estado del ejemplar y mucho sentido común, la gripe canina no debería representar una amenaza para nuestros perros.