Las familias que comparten sus vidas con un perro velan por la salud de su mascota y, a su vez, existen quienes se esfuerzan a diario por ofrecer soluciones eficaces que permitan extender la vida de los animales domésticos, pero hasta ahora ningún método sirve para evitar las enfermedades caninas mortales.
Las dolencias que irremediablemente conducen a la muerte dan siempre impotencia y causan en los humanos que ven sufrir a su perro un profundo dolor y sufrimiento, pero existen y deben ser enfrentadas con la mayor entereza y responsabilidad posible.
Un diagnóstico categórico que revele la existencia de males como el síndrome de dilatación-torsión de estómago, meningoencefalitis granulomatosa, parvovirosis o algún tipo de cáncer conmociona, preocupa e inevitablemente entristece al dueño del animal enfermo.
Es lógico que uno se angustie cuando el veterinario confirma que su paciente, es decir, nuestro amado perro, padece un problema de difícil o inexistente solución. Por lo general, cuando el profesional determina que no hay cura o que las chances de proporcionar un tratamiento efectivo son mínimas es porque los síntomas no se detectaron a tiempo o bien porque el curso de la enfermedad ha sido agudo.
Ante esa dura realidad que dispara diversas sensaciones y reacciones (desconsuelo, bronca, nerviosismo, confusión y sentimientos encontrados), el amo debe sacarse todas las dudas frente al veterinario que ha examinado al perro y agotar todas las posibilidades antes de confirmar que, tal como dijo el experto, se trata de una enfermedad mortal.
Si bien desde afuera de la situación se suele recomendar tranquilidad y confianza, cuando se deben enfrentar diagnósticos poco alentadores es imposible estar calmo y con la mente fría. Por eso, desde este espacio queremos abordar el tema para que aquellos que se sienten inseguros o temen equivocarse al decidir qué hacer con sus perros cuando enferman gravemente se sientan, de alguna manera, acompañados y aconsejados por Mundo Perro.
Al respecto, sólo resta por decir que hay veces en las cuales no es suficiente con haberle proporcionado a la mascota todos los cuidados y vacunas posibles: al igual que los humanos, así como nacen llega un día en el que deben marcharse.
Lamentablemente, nada ni nadie puede evitar la muerte: lo único que puede aportar un poco de consuelo al despedir a la mascota de la familia es saber que, antes de optar por el sacrificio del ejemplar enfermo o de haberlo perdido de forma natural, se hizo todo lo posible para salvarlo y devolverle la calidad de vida que se merece todo animal doméstico.