09 Ene 2012

Como muchos de ustedes nos han hecho llegar sus inquietudes respecto a las enfermedades mentales que puede llegar a padecer un perro, en esta oportunidad hemos decidido abordar el tema para informarlos y tratar de resolver dudas generales. Por supuesto, este texto es orientativo, razón por la cual es fundamental tener en cuenta que cada caso en particular y las preguntas más complejas deben ser planteadas a un veterinario de confianza, que es quien ha estudiado para realizar diagnósticos precisos y establecer los tratamientos adecuados para cada patología.

Antes de describir en detalle algunos de los trastornos mentales que pueden afectar a la población canina, diremos que por lo general esta clase de inconvenientes aquejan en su mayoría a ejemplares longevos, tal como ocurre con el ser humano al llegar a la tercera edad.

No es extraño que nuestra mascota, al pasar la barrera de los ocho años de edad, comience a evidenciar síntomas de lo que los expertos definen como envejecimiento cerebral. Esta circunstancia que a nivel informal se denomina “alzheimer canino” puede ser difícil de detectar, motivo por el cual hay que prestar atención a cualquier cambio de conducta en la vida cotidiana para advertir si, por ejemplo, el animal sufre desorientación, no interactúa como solía hacerlo tiempo antes, tiene alteraciones del sueño o ha perdido sus hábitos higiénicos.

Como estos signos no surgen de un día para el otro, hay que llevar un control periódico frente a perros de más de siete años de vida porque la enfermedad es progresiva. Cabe destacar que, enfrentada a tiempo, se puede mejorar de forma significativa la calidad del afectado.

Cuando el deterioro de la función mental ya es demasiado grave y los cuidados paliativos ya se han agotado, pueden diagnosticarse cuadros de disfunción cognitiva y demencia senil para los cuales se recomienda el sacrificio del animal.

Lamentablemente, como sucede con las personas de edad avanzada, el paso del tiempo hace envejecer al cuerpo y trae en ese proceso consecuencias indeseadas que sólo ocasionan sufrimiento. Duele aceptar que nuestro perro transita la última etapa de su vida, pero si el cuadro mental degenerativo ya lo priva de una vida digna y el veterinario plantea la posibilidad del sacrificio, en agradecimiento a toda la felicidad que él nos ha dado durante muchos años debemos actuar con serenidad y estar seguros de elegir lo mejor para él.