Los perros son seres maravillosos que hay que cuidar, ayudar y amar si uno desea convivir con ellos durante muchos años. La atención, la asistencia y el cariño son tres bases que debería respetar todo amo y que se traducen en numerosas acciones cotidianas que conjugan responsabilidad, compromiso y sentimientos nobles hacia una mascota.
Como parte de la crianza de un ejemplar canino figura la protección de su salud. Esto significa que todo aquel que decide adoptar un perro debe proporcionarle una dieta adecuada, someterlo al plan de vacunación aconsejado por un experto en cuestiones relacionadas a la salud de los animales, no exponerlo a situaciones que puedan poner en riesgo su bienestar y llevarlo a controles veterinarios con cierta frecuencia.
Por supuesto, todas estas medidas básicas no impiden que el perro se enferme y es ahí cuando también se requiere lucidez y esmero para actuar con rapidez y de forma correcta para identificar anomalías y buscar la ayuda correspondiente.
Con algo de información sobre posibles dolencias típicas de la especie y sentido común, uno podrá advertir de inmediato si, por ejemplo, la mascota de la familia padece alguna enfermedad de la piel.
En la superficie cutánea, es posible que se manifiesten síntomas de males como la alergia a la saliva de las pulgas (dermatitis alérgica por hipersensibilidad), las infecciones causadas por algún tipo de hongo, la sarna y la pioderma, así como lastimaduras y heridas cortantes que puedan transformarse en un foco de infección.
Las áreas sin pelo, el rascado constante, las zonas enrojecidas y/o inflamadas, la aparición de costras o escamas y la seborrea son algunos de los síntomas que pueden entenderse como señales de alarma para que todo amo acuda al veterinario para averiguar qué es lo que le ocurre al perro y, en función del diagnóstico, iniciar el tratamiento correspondiente.
Si bien no existe la prevención absoluta en materia de enfermedades, sí se pueden minimizar riesgos de que contraiga problemas a nivel cutáneo con medidas sencillas como lo son la vacunación, el respeto por la higiene, protegerlo de pulgas y garrapatas, controlar los paseos para que, por ejemplo, no camine sobre elementos cortantes y cepillar su pelo a diario.