La displasia de cadera es una enfermedad hereditaria de las extremidades traseras, que se transmite a través de los genes y aparece por lo general en perros de grandes dimensiones y un veloz crecimiento, aunque existen excepciones. E
l término “displasia” se forma a través de dos palabras de origen griego, que son: dis (anormal) y plasia (desarrollo), o sea que literalmente displasia significa: desarrollo anormal. Esta enfermedad, que se da en muchísimos casos, generalmente no es diagnosticada por el veterinario cuando el perro es muy pequeño de edad, sino que se logra ver cuando tiene más o menos entre 6 y 11 meses y manifiesta dolores producidos por ella.
Las razas comúnmente afectadas son el Labrador Retriever, el Golden Retriever, el Ovejero Alemán (también llamado, Pastor Alemán), el San Bernardo, el Mastín Napolitano, y el Rottweiler. Y entre las que poseen menos tendencia a esta enfermedad hayamos al Dobermann, Husky Siberiano, Samoyedo, y los perros galgos.
Consiste en una articulación mal desarrollada, por lo que la cabeza del fémur y la cavidad acetabular (cavidad en el coxal donde se articula el fémur) no se unen bien entre sí. Como consecuencia, un perro afectado por esta enfermedad va perdiendo, gradualmente, su capacidad motora. La displasia de cadera se diagnostica a través de una radiografía, que se toma al perro, una vez anestesiado.
Uno de los síntomas de esta enfermedad es que el perro cojea, o camina dando “saltitos”, es decir, moviendo ambas patas traseras a la vez; pero no hay que fiarse de esto, ya que es apenas una pista de que el perro este sufriendo de displasia de cadera, pero puede que no sea así, como de hecho pasa en muchísimos casos.
Existen dos formas de tratar esta enfermedad: la primera es elegida cuando el animal no puede disponerse a una cirugía; se utilizan fármacos, y se cuida y controla el peso del animal, ya que si engorda esto puede agravar la situación. Además, el animal no puede hacer demasiado ejercicio, y debe incorporar nutrientes en su alimentación. La segunda alternativa es el tratamiento quirúrgico, dentro del cual se distinguen distintos tipos de cirugías; este tratamiento provee al perro de una solución definitiva, a través de la cual podrá hacer una vida perfectamente normal, sin tener que tomar medicación, por lo cual esta es la mejor opción.
Debemos además tener en cuenta que no es conveniente reproducir a un ejemplar que padezca de displasia de cadera, ya que es probable que los cachorros desarrollen el mismo problema o, hasta en algunos casos, lo agudicen.