La alimentación es un tema prioritario en la vida de nuestras mascotas, e influye de gran forma en la cantidad de años que vivirá nuestro perro, y la calidad de vida (en cuanto a la salud) de los mismos. Cabe destacar que los perros son omnívoros (existe una tendencia popular a reconocerlos como carnívoros exclusivamente), es decir, comen todo tipo de alimentos, ya sea carne, como vegetales.
Debemos controlar la alimentación de nuestro perro, en cuando a cantidad (debe ser razonable pero no excesiva) y variedad de nutrientes esenciales. Debemos proporcionarle al animal proteínas, hidratos de carbono, ácidos grasos, vitaminas y minerales; en cuanto a las proteínas, mientras más activo sea el perro mayor será la cantidad requerida.
Una vez que el perro se ha acostumbrado a una determinada alimentación, ésta no se debe cambiar bruscamente. Pongamos un ejemplo para aclarar la situación: si alimentamos a nuestra mascota con una determinada comida balanceada (preferentemente agregándole de vez en cuando otro tipo de alimento), y por algún motivo ya no podremos seguir utilizando la misma comida, una buena alternativa es acostumbrar poco a poco al perro a otro alimento, mezclando el alimento viejo con el nuevo, y luego de unos días, ir poniendo más cantidad del alimento nuevo que del viejo, hasta que el perro se adapte, y a continuación, sólo darle el nuevo alimento balanceado.
Luego de comer, durante un tiempo de media hora aproximadamente, es preferible que el perro no haga demasiado ejercicio, ya que le afectaría de mala manera en la digestión.
Cuando son cachorros, los perros deben comer tres o cuatro veces al día, mientras que en su vida adulta, sólo necesitan de dos comidas diarias, que tengan todo lo necesario para que el perro se mantenga sano y fuerte. El agua, en cambio, debe permanecer a disposición del perro siempre, para que esté hidratado adecuadamente. Resulta útil darles de comer siempre a una misma hora, y en un lugar específico; no debemos darles de comer durante la comida familiar, puesto que luego pretenderán que los alimentemos siempre que comemos nosotros, y se harán escuchar hasta que cumplamos sus deseos.
Entre las diversas razas de perros, no todas tienen los mismos hábitos de alimentación, e incluso, hay algunas que poseen mayores tendencias a la obesidad que otras; por lo cual debemos estar atentos, para no tener un perro excedido de peso (ni uno con bajo peso cabe destacar). En invierno, es decir, en la época más fría, los perros adquieren un mayor apetito, por lo cual hay que aumentar la cantidad de alimento, pero siempre teniendo en cuenta no sobrepasarnos en calorías, más aún si el perro tiene tendencia a engordar.
Los huesos pequeños suelen ser peligrosos (ya que el perro puede astillarlos e incluso tragarlos enteros), al igual que el exceso de huesos, tanto pequeños como grandes (mucha cantidad de calcio puede ser perjudicial).

Entre los alimentos perjudiciales para la salud del perro se encuentran el chocolate, el café, el té, la cebolla y el ajo, las bebidas alcohólicas, la levadura (y los alimentos elaborados con la misma), el tabaco y las comidas con hongos. La proporción de los mismos puede producir una intoxicación severa.